martes, 30 de septiembre de 2014

Al servicio de la Patria

Para todos los varones Argentinos o naturalizados que pasamos los 40 o estamos cerca, voy a hablar de un hito en nuestra vida del que nadie zafaba, salvo por número bajo.
Estoy hablando del viejo y querido servicio militar.
Como cumplo años en enero no viví el sorteo con mis compañeros de secundario, me tocó al año siguiente.
Eso me dio la ventaja de presenciar la experiencia de otros sin presión, pero me sacó la contención de amigos en el momento que me tocaba a mi.
Los vi alegrarse y desesperarse casi por cantidades iguales, mi mejor amigo había zafado por número bajísimo y nunca supe como era el tema de la famosa revisación.

En el momento de mi sorteo estaba en un aula enorme en la Facultad de Exactas en La Plata cursando análisis matemático. La exposición teórica era por momentos delirante, siempre pensaba que si alguien entraba en el medio de la clase y miraba el pizarrón era imposible que se hiciera una idea de lo que estábamos viendo. Las clases eran de tres horas, con dos mas de practica después y llegaban a un grado de abstracción imposible de seguir.
En ese contexto estaba yo, sentado por atrás con el walkman y un auricular puesto para que no me agarren.
Obviamente no era el único, pero si había otros me tenía totalmente sin cuidado.
Muchos habían faltado pero yo prefería ese contexto para recibir la noticia.
Mi inconsciente trataba de negar el 838 que mi oído había escuchado, no tenía escapatoria.
Al día siguiente compro el diario, esperanzado de haber escuchado mal y la verdad es que no sirvió de mucho porque tampoco entendía las columnitas. A la terminación  830 le tocó el 838 o es al revés?
Cuando a casa llegó la carta con la citación se terminaron las dudas
Estaba en el horno con papas.
Y encima yo no tenia ningún conocido que me hiciera zafar como muchos que se pavoneaban contando que su papá era amigo de fulano o sultano y que eso les garantizaba que no tuvieran que preocuparse por el número obtenido.
Yo estaba solo pero decidido.
Bajo ningún punto de vista podía hacer el servicio militar.
Creo que nunca volví a tener un objetivo tan claro en mi vida.... (bueno si, pero no quiero sacarle dramatismo al momento...)
Como cualquier ignorante del tema, me dejaba llevar por supuestos, en algún lado escuché que si pesaba menos de 50kg en la revisación directamente me descartaban.
Entonces tenía un plan, a pesar de mi metro ochenta, estaba pesando 55kg así que no estaba tan lejos.
Tienen idea lo difícil que es bajar de peso cuando casi lo único que pesa son los huesos?

Dos semanas antes de la fatídica fecha de la revisación empecé la dieta.
La primer semana no pasó nada....
Después me desesperé y eso dió resultado. A partir de ese momento viví solamente a café.
Era un manojo de nervios, sin dormir y a pesar de eso siempre me faltaba un poquito para llegar.
También tenía un par de ases en la manga. A los 13 años tuve que declararme miope sin remedio y la etapa de crecimiento me regaló una diferencia de altura entre las dos piernas que me dejaban la columna como una cobra bajo los efectos de un encantador de serpientes.
Nada mal no?
No me acuerdo la fecha de la revisación pero me acuerdo que hacía frío.
Yo viajaba todos los días en tren a la plata pero ese día particularmente era el mas frío de mi vida, temblaba en el tren con las ventanillas rotas, por la helada y el miedo.
Era yo contra un ejercito que quería hacerme parte de ellos.
A último momento, antes de salir, decidí cambiar los anteojos que usaba por el par anterior, que había dejado hacía dos años y que tenían el aumento totalmente retrasado.
En esas condiciones llegué al destacamento de La Plata.
El clima no era de tanta tensión como yo esperaba, ya en esa época se le había perdido un poco el respeto a las fuerzas armadas.
Todas las indicaciones estaban en carteles que por supuesto yo no llegaba a leer. Caminaba perdido como Mister Magoo, pegándome a las paredes llenas de instrucciones, tratando de entender algo (nunca fui mucho de preguntar)
Empezamos un circuito que incluía placa, extracción de sangre y chequeo médico.
Soy de esos que no miran en el momento que les sacan sangre para no caer redondo al piso, cuando me tocó entrar a la sala de extracción, había por lo menos diez simultáneas, para donde mirara había una aguja en un brazo......
El chequeo era mi momento, enfilé hacia la balanza calculando que ahí mi recorrido tortuoso llegaría a su fin.
Pero me equivoqué............

Siguiente!
Cuando estaba subiendo a la balanza me apoyaron esa vara que mide antes de que me estirara por completo.
Un metro sesenta y ocho, cincuenta y un kilos!
Me estiré y subió la varilla doce centímetros más, ya era tarde.
Tenes algo pibe?
Eh?
Alguna enfermedad, tenes algo pibe?
No, no........................
Quedé como anestesiado, había perdido la oportunidad por la que me había estado preparando tanto tiempo...........

En ese momento no se definía nada, había que volver al día siguiente para terminar el proceso y saber los resultados.

El segundo día viajé exactamente igual: frío-miedo-incertidumbre pero magnificado por al sensación de que ya no había retorno.
Me extrañó que no tuve ninguna revisión de vista, cosa que supongo hubiera ayudado.

Terminado el chequeo, quedamos todos en un patio enorme con 4 soldados que tenían nuestros documentos y los iban entregando de a uno, gritando el número.
Por supuesto que lo hacían en forma simultanea, era desquiciante tratar de entender si era el tuyo.
Mientras tanto se corrían los rumores que si te llamaban a dar una inyección era que estabas adentro. Otros decían que era al revés. Nadie sabia nada
Yo sentía que si me nombraban, directamente me tenía que quedar ahí adentro, sin poder siquiera avisarle a nadie lo que me había pasado. Un año en el sur incomunicado.......
Me temblaban las piernas.
De pronto me llaman, por el nombre. Era para la vacuna, la presión me rebotó contra el piso.
Me dolió como si me apoyaran el hierro al rojo que usan para marcar a las vacas, fue la primera vez que me dieron una inyección en la espalda, a la altura del omóplato. Por lo menos cumplió la función de subirme la presión de vuelta a la normalidad.
Seguí esperando escuchar mi numero de documento, ahora un poco mas dolorido.
Finalmente llegó el momento, quedaríamos mas o menos la mitad, yo no sabía para donde salían los que ya habían sido nombrados.
Los pasos hasta mi documento fueron en cámara lenta, solo escuchaba mi corazón que iba al ritmo de una laucha corriendo.
Lo abrí, no entendía.......
Zafaste, me dijo el de al lado.
A partir de ahí no me acuerdo nada, ni como volví, ni que hice el resto del día.

Fue la única vez que tener un físico desastroso me puso tan feliz.......




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