Hace varios días que estoy recordando esta anécdota por distintos motivos, evidentemente llegó la hora de contarla, mal que me pese.
Transcurre en mis épocas post secundario en las que devine en estudiante de Astronomía y con solo 18 añitos logré tener mi primer experiencia viviendo fuera de la casa familiar. Fué solo un mes pero revisitando las historias parece que hubiera sido mucho mas, de esa etapa ya vieron como destruí un horno y como una sartén ubicada en el lugar equivocado puede generar muchos problemas.
Eso no fue todo, lo peor está por venir, así que abróchense los cinturones y repriman las ganas de matarme a medida que van leyendo.
Gracias
El mes que viví en La Plata fue justo de vacaciones y en pleno invierno. La casa era grande y sólo tenía una estufa tiro balanceado en lo que se utilizaba como living, donde estaba la puerta de entrada, al lado y con ventana a la calle, había otra habitación, seguida de un pasillo hacia atrás que rodeaba un patio interno y al fondo mi habitación. Para entrar a la cocina comedor, que también estaba al fondo, había que pasar si o si por el patio y el baño estaba ubicado aprovechando el largo del pasillo. Era una C que abrazaba el patio interno.
Repaso que eramos tres viviendo y yo había quedado sólo en esa pieza enorme del fondo, de techo alto y sommier de dos plazas. Fue la primera vez en mi vida que dormí en una cama sin cabecera, me costaba mucho asimilarlo. Y ni hablar del tamaño, que hubiera sido realmente muy útil si yo hubiera sido mas hábil (y hubiera tenido otra cara, cuerpo y carisma, siendo sincero....)
El frío que hacia en esa casa era indescriptible. Bañarse era un acto heroico incluso con la pequeña estufa de cuarzo colgada de los azulejos.
Uno de mis dos compañeros fumaba y en esa época fué que yo empecé. Después de pasarme todo el secundario como activista anti tabaco y cuando ya la canchereada de la puerta del boliche dejaba de tener sentido, ahí empecé yo....
Teníamos una costumbre bastante particular para prender los cigarrillos. En lugar de usar encendedor o fósforos, poníamos un poquito de alcohol en un cenicero grande de metal, lo prendíamos y usábamos esa diminuta fogata controlada para prenderlos. Por qué, no se, asi era simplemente.
Fue un día de muchísimo frío, estaba solo en la casa acomodando la pieza, ya sabía que me quedaban pocos días para volverme y tomé la decisión de calefaccionar el ambiente de una manera poco convencional.
Mucha gente tiene la teoría de que los objetos pueden contener espíritus de personas que ya no están y la verdad es que no se si es tan así. De lo que no tengo dudas es que había un objeto en esa casa que me odiaba como si el espíritu de la dueña recientemente fallecida se hubiera instalado en él.
No era ni mas ni menos que la maldita sartén, que volviendo a repasar el incidente de las milanesas, es físicamente imposible que se caiga como se cayó, tomando su posición original.
En este caso me atacó de una manera mas certera, gracias a mi ayuda.
Me estaba congelando literalmente, prender la estufa no tenía sentido, tenia que encontrar una alternativa rápido.
En ese momento recordé la experiencia del cenicero y quise adaptarlo para calefaccionar el lugar.
Pensé entonces poner una buena cantidad de alcohol en la sartén susodicha y como la base no era plana, decidí ponerle una toalla abajo para que no se balanceara y además evitar el contacto directo con el piso de parquet sin lustrar.
Vamos sumando: sartén con alcohol, toalla, piso de madera.
La verdad es que la idea funcionaba, el calor se sintió en seguida, el fuego se mantenía controlado, todo perfecto. Incluso para no correr riesgo de intoxicación, había dejado la ventana que daba al patio un poquito abierta
En el interín yo armaba la cama, que como era grande me obligaba a ir de un lado al otro para acomodar la sabana y la gran cantidad de colchas.
Iba y venía perfectamente hasta que sin querer en una pasada toqué la toalla con el pié y como en cámara lenta vi como se balanceaba la sartén volcando alcohol prendido sobre la toalla y el piso....
En ese momento me congelé, veía la tapa del diario del día siguiente con la casa carbonizada y mi cara de no puedo explicar lo que pasó en primer plano.
Pasados esos segundos vi que el fuego que estaba al pie de la cama, se acercaba peligrosamente a la colcha.
En lugar de ir a buscar un trapo o algo para apagarlo, decidí hacerlo con la misma toalla que estaba abajo de la sartén que a esa altura ya estaba muy caliente. Empecé a darle tironcitos que obviamente hacían que caiga más alcohol prendido al piso, hasta que logré sacarla.
Corrí al baño a mojarla y volví inmediatamente.
Para ese momento el fuego ocupaba una franja entre los pies de la cama y el placar, girando hacia uno de los costados. Todo madera y tela, mejor imposible.
Empecé a golpear el piso con la toalla mojada hasta que logré apagarlo, quedó la sartén que no tenia mango y estaba muy caliente. Agua no le podía tirar porque era peor, no se me ocurrió otra cosa que esperar a que se consuma todo el alcohol, sentado en la cama tratando de recuperar la calma.
El saldo fue una toalla menos y una enorme mancha blanca en el parquet que me obligó a lustrarlo todo con cera de color antes de que mis compañeros volvieran a la casa, a ver si todavía tenia que pagar el piso hecho a nuevo!
No me acuerdo si alguien se enteró en ese momento o no dije nada por una mezcla de vergüenza y culpa.
Fue la última vez que usé la sartén endemoniada, que sin dudas debe seguir en esa casa de la calle 6 esquina 16 cobrándose una victima tras otra hasta que alguien logre exorcizarla....