Arrancamos con el combo perfecto: vacaciones - amigo - auto.
Con 23 años mucho mas no se necesita no?
Yo vivía en el famoso departamento de Constitución y la idea era pasar una semana de camping en Pinamar con la intención de hacer una semana más en Mar del Plata a confirmar.
El Fiat Uno impecable de mi amigo tenía estéreo con casete y en ese momento yo estaba a full con mi colección interminable de CD´s. Por eso se me ocurrió llevar mi discman (pocos aparatos fueron tan incómodos como ese) y los parlantes de la pc para usar en el camping. Todo con su respectivo adaptador para enchufar a 220V.
En ese momento la ruta 2 tenía una mano por lado y el viaje solía ser un poco mas largo, por eso se me ocurrió la genial idea de comprar un casete milagroso que se ponía como para reproducir y tenia un cablecito que se conectaba en el enchufe de los auriculares y te permitía escuchar cualquier cosa que conectaras, a través del estéreo del auto.
El mejor invento después de la penicilina, sin dudas.
Decidimos no viajar en sábado ni domingo para ir solos por la ruta, tomamos una semana de la primer quincena de enero y otra de la segunda.
Con 23 años mucho mas no se necesita no?
Yo vivía en el famoso departamento de Constitución y la idea era pasar una semana de camping en Pinamar con la intención de hacer una semana más en Mar del Plata a confirmar.
El Fiat Uno impecable de mi amigo tenía estéreo con casete y en ese momento yo estaba a full con mi colección interminable de CD´s. Por eso se me ocurrió llevar mi discman (pocos aparatos fueron tan incómodos como ese) y los parlantes de la pc para usar en el camping. Todo con su respectivo adaptador para enchufar a 220V.
En ese momento la ruta 2 tenía una mano por lado y el viaje solía ser un poco mas largo, por eso se me ocurrió la genial idea de comprar un casete milagroso que se ponía como para reproducir y tenia un cablecito que se conectaba en el enchufe de los auriculares y te permitía escuchar cualquier cosa que conectaras, a través del estéreo del auto.
El mejor invento después de la penicilina, sin dudas.
Decidimos no viajar en sábado ni domingo para ir solos por la ruta, tomamos una semana de la primer quincena de enero y otra de la segunda.
Mi amigo vino a dormir la noche anterior, cenamos una pizza de Uggi´s y todo listo.
Cargar el auto fue algo problemático porque llevábamos a razón de una camisa por día cada uno, lo que daba un total cercano a las treinta.
Fueron todas colgaditas perfectas en el Uno, no pregunten mucho cómo porque no me acuerdo, lo que si sé es que mucho para atrás no nos podíamos estirar y de mirar por el retrovisor ni hablar.
Conmigo llevaba todo el dispositivo de entretenimiento que nos iba a durar para todo el viaje, el discman, el conector para el encendedor (no era cuestión de gastar pilas) y el fantástico adaptador para el estéreo.
A dos cuadras de salir ya tenia el sistema instalado.
Silencio.......
Luego de toquetear todo nos dimos cuenta que el equipo del auto no funcionaba más. Saqué el cablerío prolijamente, nos esperaba un viaje en silencio.
Los dos somos muy amantes de la música y sabíamos que no íbamos a llegar así. Terminamos parando en una estación de servicio a comprar pilas en cantidad para el reproductor y los parlantes.
Fui todo el camino sosteniendo el "sistema de sonido" apoyado en el torpedo, pegado al parabrisas mientras de a rato hacía unos mates.
Las curvas eran un tema pero llegamos sin romper más nada.
Una vez en Pinamar a mi amigo se le ocurre, muy inteligentemente, que el problema podía haber sido un fusible por el adaptador de corriente que había conectado, que entre nosotros era de muy mala calidad.
Paramos en una estación de servicio, manual en mano y cambiamos el fusible en cuestión.
Santo remedio, teníamos música nuevamente!
El detalle fue que según el manual, el mismo fusible manejaba también las luces traseras, así que hicimos todo el viaje en ruta sin luces. Era de día pero si frenas está bueno que los demás lo sepan no?
Cargar el auto fue algo problemático porque llevábamos a razón de una camisa por día cada uno, lo que daba un total cercano a las treinta.
Fueron todas colgaditas perfectas en el Uno, no pregunten mucho cómo porque no me acuerdo, lo que si sé es que mucho para atrás no nos podíamos estirar y de mirar por el retrovisor ni hablar.
Conmigo llevaba todo el dispositivo de entretenimiento que nos iba a durar para todo el viaje, el discman, el conector para el encendedor (no era cuestión de gastar pilas) y el fantástico adaptador para el estéreo.
A dos cuadras de salir ya tenia el sistema instalado.
Silencio.......
Luego de toquetear todo nos dimos cuenta que el equipo del auto no funcionaba más. Saqué el cablerío prolijamente, nos esperaba un viaje en silencio.
Los dos somos muy amantes de la música y sabíamos que no íbamos a llegar así. Terminamos parando en una estación de servicio a comprar pilas en cantidad para el reproductor y los parlantes.
Fui todo el camino sosteniendo el "sistema de sonido" apoyado en el torpedo, pegado al parabrisas mientras de a rato hacía unos mates.
Las curvas eran un tema pero llegamos sin romper más nada.
Una vez en Pinamar a mi amigo se le ocurre, muy inteligentemente, que el problema podía haber sido un fusible por el adaptador de corriente que había conectado, que entre nosotros era de muy mala calidad.
Paramos en una estación de servicio, manual en mano y cambiamos el fusible en cuestión.
Santo remedio, teníamos música nuevamente!
El detalle fue que según el manual, el mismo fusible manejaba también las luces traseras, así que hicimos todo el viaje en ruta sin luces. Era de día pero si frenas está bueno que los demás lo sepan no?
Llegamos al camping, muy lindo, en una arboleda de las típicas de la zona, elegimos un lugar un poco apartado, parecía el mejor sector de todos, era hora de armar la carpa. Yo había hecho varios campamentos en el colegio pero tampoco era un Boy Scout.
Entre los dos logramos armar la carpa que para mi sorpresa no tenía la forma tradicional a la que estaba acostumbrado....
Entre los dos logramos armar la carpa que para mi sorpresa no tenía la forma tradicional a la que estaba acostumbrado....
Escuchame una cosa, la carpa es un iglú!
Si por?
Donde vamos a colgar las camisas?
Si por?
Donde vamos a colgar las camisas?
Yo pensaba ponerlas todas en el parante que cruza del frente hacia atrás por adentro, pero en este caso no existía.
Ellas se reían de nosotros mirándonos por la ventanilla del auto.
Tardamos más en doblarlas todas que en armar la carpa.
La vida en Pinamar fue super natural, comíamos sano, tomábamos sol y hasta participamos de una maratón. Yo no había llevado zapatillas porque todo era ropa para salir o de playa, ademas siempre fui anti deporte, así que la corrí con medias y alpargatas.
Si, 10 kilómetros, 5 por arena y con alpargatas. Totalmente delirante, gracias a dios no hay registro fílmico de ese momento, un tero caminando por piso lleno de pinches tiene mucha mas elegancia al andar que yo en ese momento.
En ese momento tenía el problema que si me salteaba una comida, el cuerpo se me apagaba automáticamente y la forma de indicarme que se me estaba vaciando el tanque era una especie de temblequeo general. Mas de una vez mi amigo tuvo que llevarme a algún restaurant o parador para que arrasara con buena parte del menú para poder seguir.
Nunca me voy a olvidar de su cara viéndome comer...
Estaba tan flaco que cuando me acostaba a tomar sol parecía que se podía ver para el otro lado entre las costillas. Como esas imágenes de los cementerios de elefantes donde aparecen los costillares clavados directamente en la arena....
Al día siguiente de la maratón, a los participantes les daban una remera conmemorativa y obviamente la fuimos a buscar.
Mientras esperábamos, se desató el diluvio. Caía agua a baldes.
Remera en mano volvimos volando al camping y descubrimos que el lugar donde habíamos puesto la carpa era lindísimo y no teníamos a nadie cerca porque justamente por ahí pasaba el río que desagotaba toda el agua del predio.
La carpa no se fue con el agua simplemente porque había tanto peso en ropa adentro que era físicamente imposible.
Mis tíos alquilaban casa en Pinamar y se me ocurrió que podíamos ir a pedir refugio. Empezamos a vaciar la carpa con el Fiat Uno pegado a la puerta porque seguía diluviando. Mi amigo estaba muy preocupado en mantener el planchado de las camisas que habíamos estado doblando mientras yo le tiraba todo al grito de: dale que mi tía tiene plancha!
Fueron palabras mágicas, al rato estábamos ensopados tocando timbre. Pasamos el resto de la semana con ellos y replanchando todo, por supuesto.
Y la carpa?
Seguimos pagando la semana completa del camping para que nuestra pequeña casa se seque armada al sol y no tener que hacer ese trabajo para guardarla.
Cuando la fuimos a visitar para ver como andaba, la corrimos de lugar por las dudas....
Ellas se reían de nosotros mirándonos por la ventanilla del auto.
Tardamos más en doblarlas todas que en armar la carpa.
La vida en Pinamar fue super natural, comíamos sano, tomábamos sol y hasta participamos de una maratón. Yo no había llevado zapatillas porque todo era ropa para salir o de playa, ademas siempre fui anti deporte, así que la corrí con medias y alpargatas.
Si, 10 kilómetros, 5 por arena y con alpargatas. Totalmente delirante, gracias a dios no hay registro fílmico de ese momento, un tero caminando por piso lleno de pinches tiene mucha mas elegancia al andar que yo en ese momento.
En ese momento tenía el problema que si me salteaba una comida, el cuerpo se me apagaba automáticamente y la forma de indicarme que se me estaba vaciando el tanque era una especie de temblequeo general. Mas de una vez mi amigo tuvo que llevarme a algún restaurant o parador para que arrasara con buena parte del menú para poder seguir.
Nunca me voy a olvidar de su cara viéndome comer...
Estaba tan flaco que cuando me acostaba a tomar sol parecía que se podía ver para el otro lado entre las costillas. Como esas imágenes de los cementerios de elefantes donde aparecen los costillares clavados directamente en la arena....
Al día siguiente de la maratón, a los participantes les daban una remera conmemorativa y obviamente la fuimos a buscar.
Mientras esperábamos, se desató el diluvio. Caía agua a baldes.
Remera en mano volvimos volando al camping y descubrimos que el lugar donde habíamos puesto la carpa era lindísimo y no teníamos a nadie cerca porque justamente por ahí pasaba el río que desagotaba toda el agua del predio.
La carpa no se fue con el agua simplemente porque había tanto peso en ropa adentro que era físicamente imposible.
Mis tíos alquilaban casa en Pinamar y se me ocurrió que podíamos ir a pedir refugio. Empezamos a vaciar la carpa con el Fiat Uno pegado a la puerta porque seguía diluviando. Mi amigo estaba muy preocupado en mantener el planchado de las camisas que habíamos estado doblando mientras yo le tiraba todo al grito de: dale que mi tía tiene plancha!
Fueron palabras mágicas, al rato estábamos ensopados tocando timbre. Pasamos el resto de la semana con ellos y replanchando todo, por supuesto.
Y la carpa?
Seguimos pagando la semana completa del camping para que nuestra pequeña casa se seque armada al sol y no tener que hacer ese trabajo para guardarla.
Cuando la fuimos a visitar para ver como andaba, la corrimos de lugar por las dudas....
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