Lo adelanto, la saga de moviendo las cabezas va a ser más larga que Star Wars, parece increíble que con la primera experiencia haya seguido maltratando mi cuero cabelludo tantas veces, pero es así nomas.
Con mi amigo de andanzas (pobre, sale en todos los post) organizamos un viaje a Brasil con nuestras respectivas parejas
Era la época en que por el precio de un combo de Mc Donalds acá, comías cangrejo en un muy buen restaurant de cualquier ciudad costera de Brasil.
Asique allá fuimos, destino Porto Seguro.
Como de todo se aprende, a diferencia de la vez anterior no iba a exponer el resultado de mi próximo experimento al juicio de mis conocidos, tenía que buscar una alternativa. Hay cosas que nunca hubiera hecho en el territorio nacional, así que al abultado contenido de la valija para esos 14 días de playa en una ciudad tranquila (fuimos en Abril) agregué una buena cantidad de agua oxigenada, polvo decolorante y una tintura rubio ceniza.
Si, si rubio.....................
Si este viaje hubiera sido posterior al atentado del 11/9, en el aeropuerto me hubieran metido preso por terrorista, con esos productos tranquilamente podía construir una bomba, cosa que me di cuenta después al tenerlos arriba de mi cabeza...
Llegamos de mañana, fuimos al hotel y mientras desarmaba la valija no pude contener el impulso de iniciar el proceso de cambio radical de color.
Y así fue, en el baño mezclé el polvo decolorante con agua oxigenada y me lo desparramé por toda la cabeza. Obviamente no tenía idea de cuanto tiempo tardaba, iba mirando como cambiaba el color y cuando me aburrí y ya me picaba bastante decidí que era tiempo.
Me enjuagué en la pileta del baño, tirado hacia adelante y con la canilla tocándome la nuca porque la bacha era un poco estrecha. Cuando consideré que ya estaba, me puse la toalla y me incorporé.
Fue muy fuerte ese momento frente al espejo cuando me saqué la toalla y vi........ naranja.
Naranja fluorescente diría. Me volví a enjuagar, con la loca idea de que quizás si lo limpiaba un poco más iba a aclarar el color. En realidad no sabía si en ese momento de desesperación prefería que se aclare más o se oscurezca. Estaba completamente equivocado, quedó naranja furioso.
Hombre precavido vale por dos, dicen, y es por eso que había llevado una gorra con visera que jamas usaba pero sabía que podía ser muy útil en ese viaje en particular.
Como el proceso de acomodarnos en la habitación se había hecho un poco largo y era hora de comer, mi amigo y su novia vinieron a buscarnos.
Nunca voy a olvidar la cara de ella cuando abrí la puerta, era una mezcla de sorpresa con desagrado condimentada con risa y decepción. Esas fotos mentales que no se borran con el paso del tiempo.
Claramente pensaba que era un loquito, y seguramente en ese momento tenía razón.
A veces le hago recordar ese momento y me causa gracia que a pesar del tiempo que pasó, pensar en mí en ese estado le haga poner la misma cara.....
Salimos a pasar el día y me mantuve camuflado con mi gorra y lentes oscuros, al mejor estilo estrella de Hollywood tratando de pasar unas vacaciones pacíficas en un paraje desierto.
Cuando volvimos al hotel, caída la tarde, era hora de poner manos a la obra en la etapa dos del proceso.
Calculaba que con la tintura iba a apagar literalmente el fuego capilar que me tenía tan preocupado.
Leí las instrucciones que venían junto al producto (en este caso sí tenía una guia confiable) y las seguí al pié de la letra.
Una vez que ya tenía todo perfectamente aplicado en la cabeza empecé a sentir un fuego insoportable, parecía que me perforaba la cabeza! La caja decía que tenía que dejar actuar la tintura por 40 minutos antes de enjuagar, iba dos y ya sentía la necesidad irrefrenable de meter la cabeza en agua.
Miré por todos lados en la habitación intentando encontrar una solución mágica a mi padecer hasta que lo vi, colgado de la pared, casi burlándose de mí, el split del aire acondicionado.
Arrimé la cama a la pared para poder subirme, lo puse en 16 grados y me pasé 35 minutos con la cabeza pegada a la salida de aire helado, fue la única forma de soportarlo.
Iba a respetar el tiempo estipulado hasta la muerte porque sinceramente si lo enjuagaba antes y no funcionaba, no me creía capaz para ir a una farmacia en Brasil a pedir vaya a saber cómo una tintura rubio ceniza......
Nuevamente el proceso del enjuague incómodo, esta vez el proceso fué mas largo porque me ardía tanto la cabeza que el agua fría era como un oasis en un desierto de miles de kilómetros cuadrados.
Finalmente cerré la canilla y los ojos, me sequé, me incorporé y lentamente abrí los ojos....
Había mejorado bastante, lo que no significa ni por asomo que me quedara bien. Tengo cejas muy tupidas (que la genética intenta unir todo el tiempo y por ahora le voy ganando la batalla, pinza mediante) y el contraste del oscuro con el pelo tan claro daba como una especie de hermano no reconocido de Raquel Mancini.... (pero encima con ojos oscuros)
Y bueno, a lo hecho pecho, a disfrutar de las vacaciones.
Cuando voy de vacaciones, y en especial a lugares como ese, mi mayor deseo es echarme a descansar sin ningún tipo de contratiempos, no soy mucho de las excursiones ni las corridas locas.
Y el entorno sin duda era propicio, lo que no ayudaba era mi nueva identidad capilar. Todos los lugareños me saludaban como si yo fuera una especie de extrangero con onda dispuesto a joder en todo momento. Nada mas lejos de la realidad. La frase que más escuché durante esos días fue: eh amigo! La respuesta mental automática era, amigo tuyo no soy!
Ejemplo, fuimos a hacer buceo para ver corales, me sedujo la idea porque jamás lo había hecho, y en el viaje en el barco buscaban un voluntario para disfrazar de pirata, adivinen a quién eligieron? Obviamente al loquito del pelo raro!
Los días transcurrían y mi situación empeoraba, a la infinidad de químicos a los que había sido expuesto le fui sumando mucho sol, agua salada y arena.
Primero se me cayó la piel del cuero cabelludo (por suerte nadie lo notaba por el color del pelo), era como caspa del tamaño de un centímetro cuadrado, casi que hacía ruido al caer.
Después se me empezó a lavar más el color y al ritmo que mi piel se oscurecía (me bronceo mucho al sol) mi pelo se tornaba cada vez mas claro.
Las fotos de ese viaje con la situación descrita mas que había sucumbido a la comodidad de la zunga están encerradas bajo 7 llaves.
Igual por varios motivos ajenos a este post la pasé muy bien en esas vacaciones.
Hasta que un día volvimos, habíamos salido de Aeroparque pero no entiendo por qué razón (supongo que mi suerte eternamente ligada a las Leyes de Murphi) el viaje de vuelta aterrizó en Ezeiza.
No podía permitir que mi familia me viera en ese estado.
Volvimos por otros medios, llegué al departamento, me encerré en el baño y mientras me miraba pensaba: Y ahora que hago?
Decidí relajarme, en el trabajo había comentado mi idea y un par de intrépidos decidieron apostar que no me iba a animar.
Como me quedaban cuatro días de vacaciones, al día siguiente me calcé la gorra y decidí ir a visitarlos y ya que estamos a cobrar las apuestas.
Si en ese momento hubiera tenido una cámara integrada al ojo, hoy tendría infinidad de fotos increíbles de las caras que me miraron durante esos días.
Brasil me había enseñado a soportar mejor las reacciones a mis caprichos capilares, la verdad es que ya no me importaba tanto. Pero lo cierto es que en un par de días tenía que volver a trabajar al Banco y tenía que hacer algo.
Al día siguiente llamé a mi madre y le dije: tenes que venir a verme para cumplir el sueño de toda madre. Medio temerosa preguntó cual era ese sueño y la respuesta fue: tener un hijo rubio!
Vino, y esta vez cuando abrí la puerta la cara mezcla de sorpresa con desagrado sólo estaba condimentada con decepción.
Solo dijo, ahora vuelvo.
Y volvió a los diez minutos con un castaño en su mano derecha.
Mientras charlamos del viaje ella se encargó de ponerme el producto para garantizarse el buen resultado.
Cosa imposible si las hay, quedé del mismo color de Ken, el novio de Barbie.
Era marrón plástico, y las cejas seguían delatando que mi color era bastante mas oscuro.
No podía volver a trabajar así, era Tesorero de una sucursal de Banco. Tenía que solucionarlo si o si.
Y volví a la farmacia, compré un castaño oscuro, el siguiente al negro (también lo pensé pero tenía miedo de quedar como esos tangueros que parece que tienen brea en la cabeza)
Esta vez si dio resultado, salvo por un pequeño detalle.
Unos días después, a la salida del trabajo fui a la casa del Gerente de mi sucursal, con el que eramos amigos. Charlando del viaje, en un momento me paso los dedos por el flequillo (a pesar de tener el pelo bastante corto es un tic que tengo) y cuando terminé el movimiento, todo ese mechón me había quedado entre los dedos, se había cortado completo a un centímetro de la raíz...
Ahora es mi cara la que me hubiera gustado fotografiar, y no por tener la cabeza como perro con sarna sino por la sorpresa de lo sucedido.
Mi amigo acostumbraba cortarse el pelo solo con máquina, me llevó al baño y en 5 minutos quedé como un kiwi recién cosechado.
Estábamos en Mayo, quizás no era la época ideal para raparse por primera vez, pero bueno, las soluciones drásticas en estos casos suelen ser las mejores, probablemente me hubiera ahorrado las dos últimas tinturas....
Con el tiempo decidí que comprar una maquinita de esas, era la mejor inversión para solucionar los inconvenientes capilares que obviamente iba a seguir teniendo...