viernes, 10 de octubre de 2014

Cortocircuito

Mi segundo departamento de soltero estaba ubicado sobre la avenida Entre Ríos, a dos cuadras del Congreso de la Nación.
Era una zona convulsionada y ruidosa, igual que yo en ese momento, así que mejor imposible.
Décimo piso B, con vista al costado, orientado a Plaza Congreso.
Era tan buena la acústica que en esa época yo tenía registro de todas las protestas y marchas en la zona aunque fueran 5 personas con un bombo.
Amaba ese departamento, estaba en el centro de todo y tenía el Gaumont a tres cuadras, iba solo al cine cuando se me daba la gana, llegué a ir hasta en ojotas.
En esa época cuando mis viejos se iban de vacaciones, mi hermana se venía a vivir conmigo para no quedarse sola en la casa.
Cuando yo era mas chico y me tocaba quedarme, la verdad es que no se me ocurría irme para otro lado, lo que no significa que esté bueno dormir solo en una casa siendo chico pero bueno, la llenaba de gente y listo!
Ella prefería venir conmigo y aprovechábamos para ponernos al día.
Ese año en particular fue en febrero y nos tocó una ola de calor arrasadora, tanto que ni en el décimo piso corría una gota de aire. Era sofocante, el ventilador movía frenéticamente el mismo aire caliente que daba vueltas por todos lados como retroalimentándose....
Yo trabajaba todo el día así que ella quedaba en casa y nos juntábamos a la tardecita.
Un día llego de trabajar y estaba cortada la luz, después de hacer diez pisos por escalera me entero que el corte era reciente.
Unos minutos después volvió y decidimos ir al supermercado porque ya no quedaba nada para comer en casa.
Mientras caminabamos notamos que una zona grande de los alrededores seguía sin luz y estábamos felices por haber quedado fuera de eso. Llevaba cosas para subsistir por lo menos una semana, si no más, y mientras estábamos comprando veíamos a la gente como hormigas vaciando la góndola de velas. No dejaron ni una.
Volvimos a comentar entre nosotros la suerte de no estar en esa situación.
Cuando llegamos a la puerta del edificio el horror, no había luz. Y nosotros estábamos cargados de bolsas que incluían cosas que en su mayoría eran de heladera y ni una vela.
Sin contar que en un departamento de soltero es imposible que el ocupante tenga la precaución de tener un cajón lleno de velas.

Comimos en el balconcito, iluminados por la luna y las estrellas y nos fuimos a dormir con la idea de que al otro día todo iba a mejorar.
Era difícil conciliar el sueño con los treinta grados que hacia a la madrugada, es increíble como en esos momentos extrañaba hasta el ventilador del que me había estado quejando hasta horas antes.
Pero no sucedió.............
La última vez que pude bañarme fue a la mañana siguiente porque para el mediodía ya el edificio no tenía agua.
Quizás algunos recuerden el corte de la subestación Azopardo y quizás recuerden también la cantidad de días que duró, yo nunca lo voy a olvidar.............
A la noche del segundo día mi hermana ya era un gato enjaulado y había que estar muy urgido para decidir ir al baño porque la canilla mas cercana para cargar un balde estaba a diez pisos por escalera.

Adoptamos una rutina increíble:
Inmediatamente después de despertarnos, bajábamos y caminábamos tres cuadras hasta un M´c Donalds para ir al baño y cepillarnos los dientes, desayunábamos ahí y después volvíamos al departamento, yo pasaba para levantar el traje e irme a la casa de mi tía, que me quedaba a mitad de camino del trabajo, para bañarme y después seguir para la sucursal del banco.
Era un glamour viajando en subte en pantalón corto, remera y ojotas con un bolso enorme y el porta trajes.
Mientras tanto la zona era un polvorín, ya de por sí históricamente se usaba para protestas así que imaginen lo que eran los habitantes del barrio que tenía un máster en marchas y manifestaciones vistas por la ventana.
Nos movíamos al compás del estruendo de decenas de grupos electrógenos funcionando al mismo tiempo.
Las dos esquinas de mi casa estuvieron todas las noches durante diez días con gomas ardiendo en la calle, la gente paseaba a los perros con la correa y linterna. Era un esófago de lobo, porque en la boca, cuando se abre entra claridad, acá jamas.
Y la luz no volvía.
En los noticieros que veía en los bares, hablaba el vocero de Edesur que parecía que antes de salir al aire se clavaba dos Rivotril de 5mg. En ese momento en Telenoche estaban Mónica y Cesar (mis preferidos lejos) y se ve que tampoco tenían luz porque Mascetti estaba como que se lo iba a comer crudo al de Edesur que lo miraba mientra repetía como un mantra: estamos solucionando el tema, en las próximas horas se van a ver los resultados...... estamos solucionando el tema, en las próximas horas se van a ver los resultados...... estamos solucionando el tema, en las próximas horas se van a ver los resultados...... estamos solucionando el tema, en las próximas horas se van a ver los resultados......
El lo tenía ahí y le pegaba por todos nosotros, era nuestro desahogo. El infeliz de Edesur iba todos los días, se dejaba cachetear diez minutos y seguía su vida.
No quedó en pie ninguna oficina de la distribuidora en la zona, la gente rompió todo lo que tenia a la mano.
De hecho, hasta el día de hoy la casa central sigue revestida de chapa, como una protección medieval.
Y la luz no volvía.
Yo incorporé a mi hermana a la rutina diaria, por lo menos en el banco había aire acondicionado!
Imaginen por un momento que están en casa y a las tres de la mañana les da ganas de ir al baño, bueno ahora eso pero sin luz ni agua en un décimo piso. Se entiende?
El calor sofocante seguía y ni miras de llover, dormíamos con la ventana totalmente abierta y la persiana levantada, como buscando aire desesperadamente.
En medio de la noche de pronto un ruido ensordecedor y la pieza completamente iluminada, como si fuera de día
Me despertaba aturdido como en medio de una película de Rambo viendo como un helicóptero alumbraba todo el edificio con un reflector enorme....
Y después había que volver a dormirse.....
Me acuerdo que un día tenía un cumpleaños y volví en remis. El auto avanzaba por avenida Entre Ríos, cuando vió el corte adelante me consultó hasta donde era y le dije resignado:
Ahí donde está todo negro.....
Y la luz no volvía.
En un momento tomé la decisión de dejar la heladera como estaba y no volver a abrirla, yo soy de esos que se ponen muy muy nerviosos cuando alguien revisa a ver que hay adentro dejando la puerta abierta mucho tiempo, no hace falta que aclare mi neurosis por la cadena de frío, y ni hablar con la luz cortada.....
Me resistía a la sugerencia de mi hermana de irnos a vivir como refugiados a la casa de mis viejos porque yo trabajaba cerca de Puente Saavedra y Quilmes no me quedaba muy a mano para viajar todos los días.
Pero pero se me estaban terminando los argumentos.
Y la luz no volvía.
El portero a esa altura era una especie de espectro que subía y bajaba con baldes, sin parar, en el edificio vivía mucha gente mayor en los pisos altos.
Todo condimentado con el imparable ruido de los grupos electrógenos que no descansaban, ni dejaban descansar, ni un minuto.
Cuando empezó el segundo fin de semana decidí que ya era tiempo de huir de ahí. hicimos un bolso y nos fuimos sin mirar atrás.
Ese día pude sumarme al enojo de Cesar Masetti desde una casa en funcionamiento normal y tomando bebida fría.
Normalmente cuando uno se va de vacaciones y no queda nadie en la casa suele evitar que queden alimentos perecederos que puedan vencerse, es por eso que la casa estaba desprovista totalmente de esos víveres, pero agua fría había en cantidad.
Y un día la luz volvió.....
Después de once días de espera, se hizo la luz, preferí ya esperar que llegaran mis viejos de vacaciones para no trasladarnos nuevamente los dos a Capital.
Volví solo y lo primero que hice fue abrir la heladera, era un ecosistema completo, había nacido la vida en todo su esplendor, en maravillosos tonos de verde, por supuesto.
Decidí dejar que se refrigerara mientras me tomaba unos días para ver si la tiraba por el balcón o me animaba a limpiarla.
Regla número uno de los hijos cómodos: cuando dejas pasar el tiempo con algo fundamental, siempre aparecerá tu madre para ocuparse.
Dicho y hecho, se hizo cargo de la limpieza, lavandina en mano y santo remedio.

Hasta el día de hoy, siempre que se corta la luz me quedo pensando en esos días y sobre todo, en la heladera.......

Ah en favor de Edesur tengo que aclarar que nos indemnizaron y el chiste me cubrió dos meses de alquiler!
Vendría bien un cortecito de vez en cuando no?












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