lunes, 15 de septiembre de 2014

Estoy al horno

Estando en tercer año del secundario ya sabía que iba a estudiar cuando terminara, ojalá no hubiera sentido que lo tenía tan claro, pero bueno así fue.
Tanto que en cuarto año con mi grupete de pertenencia nos fuimos a hacer picnic a La Plata para que yo averiguara pormenores de la inscripción.
No disfrutaba mucho el secundario y estaba buscando adelantar un poco para que se me hiciera mas llevadero.
Quería estudiar (y de hecho lo hice por casi dos años) Astronomía. Y no me pregunten que les va a pasar la semana que viene porque eso es Astrología y no tiene nada que ver. Parece increíble pero me lo preguntaron mil veces.
Una vez pasado el curso de ingreso que fue una carnicería de Álgebra y Análisis Matemático, quedó un zoológico totalmente heterogéneo que amalgamaba de forma perfecta.
Yo era uno de esos, hago una pequeña descripción de mi, un metro ochenta de altura, cincuenta y cinco kilos y anteojos. No necesitan mas no? Si ya se, ni con un puntero láser.........
Para mediados de año surge la posibilidad de irme a vivir a La Plata, uno de nuestros compañeros, originario de Mar del Plata, vivía con la madre de un ex profesor de él en una casa en pleno centro Platense.
Por motivos que no conozco y nunca pregunté, la mujer falleció y el ahora dueño le propone a nuestro compañero que consiga gente para que viva con él en la casa por una módica suma mensual.
Y en ese contexto caigo yo. 
Fue mi primer despegue fuera de las vacaciones.
Estaba muy feliz
Los detalles de mis compañeros de casa y la descripción de la misma quedan para otro post, en este momento la verdad que lo único que importa es el horno.
Cuando me mudé tomé la cocina, un poco porque me interesaba y otro poco porque nadie pensaba ocuparse y algo teníamos que comer. Un grupo de universitarios de 18 años sin trabajo no se podían dar el lujo de pedir delivery.
Una noche había venido de visita mi mejor amigo y ex compañero de secundario y quería agasajarlo con una pizza.
En la casa vivíamos tres y con él seríamos cuatro, con dos muzzarelas era suficiente. 
Como no sabía amasar, compré un par de pre pizzas y a otra cosa.
Sólo calentar el horno y listo, era tan fácil que resulta increíble.
La cocina era un rectángulo muy grande y cumplía la función de comedor, con una mesa grande y la tele de la casa.
Ese horno era verdaderamente problemático, visto a la distancia, creo que alojaba el espíritu de la dueña de casa que, claramente, no estaba contenta de que estuviéramos ahí
Ya uno de mis compañeros había perdido las pestañas por meter la cabeza para ver por qué el horno no prendía justo en el momento que decidió arrancar con un fogonazo de bienvenida que lo tiró para atrás, yle hizo una hermosa depilación facial por calor....
Volvamos a la situación, tres sentados a la mesa charlando y yo luchando con el horno en cuestión para que prenda.
No tardó tanto en prender, cosa que fué bastante rara, aunque de vez en cuando un tiro para el lado de la justicia no está nada mal.
Ese horno tenía otro problema, bastante serio, el vidrio de la tapa estaba corrido hacia la derecha por las guías, tanto que no tapaba todo el agujero de la puerta.
Lo venía mirando con odio hacia rato y obviamente nadie lo arreglaba. Tampoco lo usábamos mucho, es verdad.
Pero ese día, el diablito que se me sienta en el hombro derecho me decía todo el tiempo: el queso no se va a derretir, el queso no se va a derretir, el queso no se va a derretir, el queso no se va a derretir, el queso no se va a derretir.
No lo aguanté más y fuí a buscar un martillo. Si, si, un martillo
Mientras charlaban, me agaché y cuando parte del cerebro le dió la orden al brazo de moverse para dar un pequeño golpe al canto del vidrio para correrlo, otra parte se dió cuenta de la locura vidrio más calor, pero la contraorden llegó tarde.
Los tres se dieron vuelta por el ruido y me encontraron inmóvil con el martillo y rodeado de infinidad de vidrios diminutos.


Dejé un espacio para que piensen lo que quieran y les aclaro que todo eso ya lo sé.
Después el debate fué: nos comemos las pizzas?
Yo no me acuerdo que hizo el resto pero tenía claro que si moría por comerlas iba a ser en justa ley así que no tenía ni que pensarlo.

Estaba rica, pero no tanto para tapar la bronca de tenerque comprar un vidrio templado para una cocina del año del jopo. 
Se imaginan con el cuidado que lo puse no? 
Si, obviamente lo coloqué yo, pero con el horno apagado...... 



2 comentarios:

  1. genial anécdota! me declaro presidenta del club de fans del chinooooo

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  2. Buenísima, y que peligroo!!! Otra fan del Chino!!!

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