Todos tuvimos un primer trabajo, vamos hagan memoria
Y cuando nos acordamos seguramente nos sonreímos, eramos de terror o no?
Bueno puede ser que no, simplemente estaba buscando algo de complicidad para no sentirme tan desastre por mi primera experiencia.
Primero obviamente hice changas, vendí libros, fui cobrador del club de jubilados del barrio presidido por mi abuela, etc.
Pero el primer trabajo formal y registrado fue en el Carrefour de Quilmes, en Av La Plata.
Creo que caí en una consultora por un aviso, me tomaron sin mirarme (si lo hubieran hecho jamás hubiera quedado) y a los pocos días y un par de análisis después estaba trabajando.
El Hipermercado hacía muy poco que había abierto, era una novedad en la zona (no había ninguno tan grande) y por suerte yo vivía a 20 cuadras. Con la bicicleta llegaba en menos de 10 minutos.
El primer día me dan un uniforme impecable que me quedaba enorme y como repositor me asignaron al sector de almacén.
Nada tremendo pensé, hasta que caí en la cuenta que el sector estaba subdividido y que me había tocado ir a bebidas.
Este trabajo lo tomé para el verano que iba desde el fin del secundario hasta que empezara la universidad en La Plata, o sea que estaba en esa maravillosa etapa de físico estilo larva, que no pasaba los 55 kilos ni pesandome después de comer una parrillada para 4.
El estado físico es muy importante para graficar lo complicado que era para mi arrastrar con una zorra un pequeño contenedor metálico con unas 300 botellas de dos litros de agua mineral. Con el agua es fácil calcular el peso, cada litro es un kilo, asi que estaba trasladando unos 600 kilos sin contar la estructura que las contenía ni que en esa época, Villa del Sur por ejemplo hacía esas promos de 250cc gratis agregados, que para mi significaban sumar 75 kilos...
Nunca había prestado atención que en lugar de reponer las botellas y acomodarlas, en algunos hipermercados directamente "estacionan" en la góndola esos super changos ya cargados.
La zorra es como una patineta con manija larga que engancha estos changos para poder trasladarlos, eso lo hacia mas fácil pero mi problema básicamente era arrancar.
O caí bien dentro del grupo o mi cara de desesperación era extrema porque la mayoría me daba una mano. Me empujaban hasta que agarraba algo de envión y me las arreglaba. El depósito era tan grande como el hipermercado, la única diferencia era que la mercadería estaba en góndolas altisimas y embalada, como en los mayoristas. Yo iba por esos pasillos tironeando de la zorra y con alguno que me ayudaba si se frenaba o tenia que doblar.
Hasta ahí todo bien, cuando salía al salón era el problema, porque el piso resbalaba mejor pero no tenia nadie que corrija mi trayectoria o me ayude a doblar.
Todavía debe haber gente comentando que una vez fueron al super y vieron un pibe tipo alambre tratando de mover un pequeño contenedor de agua que pesaba como tres luchadores de Sumo apilados.
Trabajaba de dos de la tarde hasta que las velas no ardan, el salón tenía que quedar todo completo una vez pasada la hora de cierre, normalmente nos íbamos alrededor de las doce de la noche.
Después de mi primer día me dolían hasta las ganas de vivir.
Mover una ceja era una tarea titánica y el viaje en bicicleta dejó de ser de menos de diez minutos.
Como vieron que la zorra y yo no eramos grandes amigos, muy amablemente me llevaron a la parte de vinos en el depósito y mientras uno de los chicos, que evidentemente era mas hábil que un mono, se colgaba de los estantes altos para sacar cajas de botellas, yo tenía que recibir las cajas que iba tirando desde arriba.
Si, cajas de 6 botellas de vino. Ahí duré un rato, hasta la tercer caja rota mas o menos.
Para el cuarto día se les empezaba a complicar encontrar un lugar para ponerme.
Decidieron que fuera a la parte de envases. Vieron esas hermosas maquinitas donde uno pone las botellas y al terminar le da un ticket con el total? Bueno, atrás de eso hay un pobre ñato sacando botellas de la cinta y ubicándolas en los cajones que corresponda según marca.
En la época que me tocó hacer eso, en lugar de la máquina había una cajera. Y gracias a dios porque cuando se me atascaba la cinta por no dar a basto ella me daba una mano.
El primer día anduve bastante bien, era viernes, pero el sábado fue una catástrofe.
Había dos cintas receptoras y yo estaba solo atrás. Era imposible lograrlo. En el fragor de la lucha, mientras las chicas me ayudaban, intenté subir un cajón lleno de envases de cerveza a lo mas alto de una pila y al inclinarlo para llegar, se cayeron las botellas alrededor mío explotando todas juntas. Ademas de rodeado de vidrios rotos, terminé bañado por el resto de cerveza que había en cada una de las botellas. Fue como si a propósito me tirara un baldazo de agua por la cabeza, no tanto en cantidad de liquido pero con un olor tremendo.
A pesar de todo me siguieron dejando, al día siguiente se me cayó un lente de contacto entre los cajones mientras acomodaba.
Imaginen un grupo de repositores que en su vida habían visto un lente de contacto, buscando en el piso algo que yo les indicaba como un círculo de gelatina transparente. Por suerte apareció, pero a esa altura ya era visto como un tipo muy raro
Los francos eran rotativos y yo llegué a trabajar 10 días antes de tener el primero.
Dormí todo el día y no pude volver a levantarme, ni llegar a la bicicleta, ni hablar de volver a ir.
Diez días fue lo que resistió mi cuerpo
Ni uno más.
A pesar de haberlo intentado, la naturaleza me demostró, ya desde ese momento, que el trabajo físico no era para mi. Eso pensaba mientras volvía de la consultora con mi cheque de cien pesos en el bolsillo, sin saber que varias veces me iba a encontrar en situaciones similares...
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