En la famosa casa de La Plata viví solamente un mes, pero me pasaron tantas cosas que da la sensación que hubiera estado un año.
Ya comenté el incidente con la cocina en el post estoy al horno y a eso se suma, en el mismo lugar un accidente que no me resultó tan caro pero fue mucho mas trabajoso.
Increíblemente me mudé a esa casa justo cuando empezaban las vacaciones de invierno, así que mucho con respecto al estudio no me sirvió y para la convivencia tampoco porque mis dos compañeros se volvieron a sus respectivas casas maternas hasta que retomaramos las cursadas.
En resumidas cuentas me quedé solo en una casa antigua en La Plata en vacaciones.
Podía pedir más?
No tenía cerca a ningún amigo salvo los que me había hecho en la facultad, que normalmente son originarios de otras localidades, o sea, estuve solo durante gran parte de ese mes.
Y creo que es por eso que me pasaron tantas cosas, un segundo cerebro, en lo posible más pensante, me hubiera ayudado muchísimo.
Los fines de semana viajaba a Quilmes para lavar la ropa y por lo general los domingos volvía con algo de comida materna.
Ese domingo volví con milanesas, pero crudas porque eran muchas y la idea era que duraran.
Gratis no me salieron, como yo no había freído nunca, me comí una lista interminable de recomendaciones de como hacer para no quemarme, para que no salte aceite, etc.
A pesar de que me fastidiaba con los concejos, como realmente nunca me había acercado a una sartén con aceite hirviendo, decidí respetar cada una de las indicaciones.
Ya de arranque descubrí que era todo un desafío porque la única sartén disponible en la casa tenía la base bombeada (al apoyarla sobre la cocina se balanceaba) y no tenía mango, solo le salía un palito finito de tres centímetros de largo.
Esa sartén terminó ocupando un papel importante de mi mes en La Plata, casi protagónico diría.
Eramos ella y yo, ya notaba que al ponerle el aceite, aunque sin prender la hornalla, se sacudía bastante al tocarla, no me imaginaba como iba a ser mientras pusiera o sacara una milanesa...
Prendí el fuego con fósforos, arriba del extractor había un Magiclick pero nunca me gustaron, es imposible que prenda al primer intento.
Esperé un ratito para poner la primer milanesa, mi madre me había prohibido terminantemente que hiciera la prueba de la gotita de agua porque podía saltar el aceite para cualquier lado.
Respiré hondo, pinché la primera y la ingresé en el aceite de un solo movimiento, muy seguro.
La sartén se balanceó levemente, como desafiante.
Había tenido la precaución de no llenarla mucho por las dudas. Y había sido una buena idea.
Estaba orgullo de mi mismo, lo estaba logrando, las pinchaba y sacaba sacudiendolas apenas, para eliminar el resto del aceite.
De fondo silencio, era un quirófano, sólo se escuchaba el ruido de la fritura.
Terminé increíblemente sin accidentes y muy satisfecho me senté a comer.
Era lunes al mediodía, no me acuerdo que estaba viendo en la tele pero es muy probable que fuera un noticiero ya que no teníamos cable. De hecho en ese momento casi nadie tenía.
Eran las milanesas más ricas que comí en mi vida, condimentadas con la victoria lograda.
Ya distraído, mirando la tele, siento un estruendo a mis espaldas.
Imaginé el motivo pero no quería mirar...
Obviamente no vi lo que pasó, pero voy a contar lo que supongo por la evidencia desparramada en la escena del crimen.
Como si los espíritus de Newton y la dueña de casa recientemente fallecida conspiraran en mi contra, el famoso Magiclick deslizó por la pendiente del extractor y pegó exactamente en los únicos tres centímetros de mango de la satén que había quedado orientado hacia afuera.
El resto es pura física, la satén cayó boca abajo en el piso de la cocina....
Por suerte ya no estaba muy caliente, pero el piso de esa casa muy antigua era de esas baldosas que, no se si por los años o la moda del momento, no tenían esmalte, eran porosas.
Creo que si en esa época hubiera existido Míster Músculo y hubiera venido a ayudarme, hubiera salido despavorido ante el nivel del desastre.
Me costó dos días sacar todo el fondo de migas de pan rallado fritas. Y muchos más para tratar de que la mancha se disimule un poco y que el piso deje de estar resbaloso....
Puede que ahora haya alguien viviendo en la zona de 36 y 16 que esté entendiendo el por qué de esa mancha......
No tenía cerca a ningún amigo salvo los que me había hecho en la facultad, que normalmente son originarios de otras localidades, o sea, estuve solo durante gran parte de ese mes.
Y creo que es por eso que me pasaron tantas cosas, un segundo cerebro, en lo posible más pensante, me hubiera ayudado muchísimo.
Los fines de semana viajaba a Quilmes para lavar la ropa y por lo general los domingos volvía con algo de comida materna.
Ese domingo volví con milanesas, pero crudas porque eran muchas y la idea era que duraran.
Gratis no me salieron, como yo no había freído nunca, me comí una lista interminable de recomendaciones de como hacer para no quemarme, para que no salte aceite, etc.
A pesar de que me fastidiaba con los concejos, como realmente nunca me había acercado a una sartén con aceite hirviendo, decidí respetar cada una de las indicaciones.
Ya de arranque descubrí que era todo un desafío porque la única sartén disponible en la casa tenía la base bombeada (al apoyarla sobre la cocina se balanceaba) y no tenía mango, solo le salía un palito finito de tres centímetros de largo.
Esa sartén terminó ocupando un papel importante de mi mes en La Plata, casi protagónico diría.
Eramos ella y yo, ya notaba que al ponerle el aceite, aunque sin prender la hornalla, se sacudía bastante al tocarla, no me imaginaba como iba a ser mientras pusiera o sacara una milanesa...
Prendí el fuego con fósforos, arriba del extractor había un Magiclick pero nunca me gustaron, es imposible que prenda al primer intento.
Esperé un ratito para poner la primer milanesa, mi madre me había prohibido terminantemente que hiciera la prueba de la gotita de agua porque podía saltar el aceite para cualquier lado.
Respiré hondo, pinché la primera y la ingresé en el aceite de un solo movimiento, muy seguro.
La sartén se balanceó levemente, como desafiante.
Había tenido la precaución de no llenarla mucho por las dudas. Y había sido una buena idea.
Estaba orgullo de mi mismo, lo estaba logrando, las pinchaba y sacaba sacudiendolas apenas, para eliminar el resto del aceite.
De fondo silencio, era un quirófano, sólo se escuchaba el ruido de la fritura.
Terminé increíblemente sin accidentes y muy satisfecho me senté a comer.
Era lunes al mediodía, no me acuerdo que estaba viendo en la tele pero es muy probable que fuera un noticiero ya que no teníamos cable. De hecho en ese momento casi nadie tenía.
Eran las milanesas más ricas que comí en mi vida, condimentadas con la victoria lograda.
Ya distraído, mirando la tele, siento un estruendo a mis espaldas.
Imaginé el motivo pero no quería mirar...
Obviamente no vi lo que pasó, pero voy a contar lo que supongo por la evidencia desparramada en la escena del crimen.
Como si los espíritus de Newton y la dueña de casa recientemente fallecida conspiraran en mi contra, el famoso Magiclick deslizó por la pendiente del extractor y pegó exactamente en los únicos tres centímetros de mango de la satén que había quedado orientado hacia afuera.
El resto es pura física, la satén cayó boca abajo en el piso de la cocina....
Por suerte ya no estaba muy caliente, pero el piso de esa casa muy antigua era de esas baldosas que, no se si por los años o la moda del momento, no tenían esmalte, eran porosas.
Creo que si en esa época hubiera existido Míster Músculo y hubiera venido a ayudarme, hubiera salido despavorido ante el nivel del desastre.
Me costó dos días sacar todo el fondo de migas de pan rallado fritas. Y muchos más para tratar de que la mancha se disimule un poco y que el piso deje de estar resbaloso....
Puede que ahora haya alguien viviendo en la zona de 36 y 16 que esté entendiendo el por qué de esa mancha......
Que puntería el Magiclick! Se habrá ofendido porque dudaste de su utilidad?! Jaja
ResponderEliminar