martes, 13 de enero de 2015

Tequila Bum Bum

Muchas veces pasa que a pesar de tener todo perfectamente coordinado las cosas salen mal.
Para las personas como yo, que somos regidos por las leyes de Murphy mas incluso que las de la Naturaleza, eso es muy probable.

Nunca fui de salir de noche los días de semana, soy y siempre fui de recuperación lenta, lo que me dejó afuera de varios eventos imperdibles, incluyendo los famosos domingos de La Casona.
Trabajaba en el banco y tenia terror a ir muy cansado y que eso significara un error, que en mi tarea se traducía normalmente en perder mucha plata.

Era un miércoles de invierno, no me acuerdo si junio o julio y se conmemoraba el aniversario del bar que frecuentábamos en Quilmes. No se si por insistencia o por determinación decidí ir.
Me acuerdo del frío porque tenía una campera que le había comprado a un compañero de trabajo, de cuero con una especie de corderito adentro, toda negra. Con los jeans medio chupín que usaba en la época y mis piernas de alambre, parecía una especie de paleta de caramelo de Halloween.
Ya vivía en el departamento de Constitución (el que inundaba y usaba como cámara de gas) y para ir a Quilmes era todo un viaje, muchas veces salía mas temprano, pasaba por la casa de mis viejos, me cambiaba ahí y seguía. Eso me obligaba a andar con un bolso que muchas veces quedaba en el auto de algún amigo cuando del bar nos íbamos a bailar a Capital generalmente.
Este no era el caso, fuí directo a la casa de un amigo (el mismo con el que hicimos el campamento fashion) y de ahí salimos juntos en su auto.
Era la fecha mas esperada por los habitués del lugar.
Llegamos cuando ya se dificultaba respirar (siempre que se llenaba me traía la imagen de estar en un barco hundiéndose, con la cabeza pegada al techo y boqueando el último aire disponible) y decidí relajarme, dejar de pensar que hacía con semejante campera que ya era como ir con un nene de un año en brazos y pasarla bien.
Siempre me llamó la atención como todo el mundo en esa circunstancia toma y fuma como si no hubiera nadie alrededor. Yo me contorsionaba para no tirar el vaso y no quemar a nadie...
Para terminar con la imagen, era como ir en subte en hora pico y con cronograma de demoras en el servicio.
En ese contexto apareció una chica vestida de mexicana (tipo mariachi pero con menos ropa) ofreciendo tequila gratis.
Jamas lo había probado.
Calculo que lo sabían o lo intuían porque empezaron a arengarme para que tome.
Con mi cara y en etapa post adolescente, muchas veces hice cosas para agradar a un grupo, y esa no fue la primera ni iba a ser la última.
Me enseñó todo el proceso, primero la sal en el hueco que forman el nacimiento de los dedos gordo e índice, después tomar de golpe y seguido la rodaja de limón.
Fue bastante mas fácil de lo que hubiera imaginado, y quizás por eso que accedí a repetirlo varias veces.
Seguramente ese fue el motivo por el que no me acuerdo de muchos mas detalles del tiempo que estuvimos en el bar, si de la salida.
Cuando el viento frío me dio en la cara, fue como si me hubieran limpiado de alcohol en un segundo.
Sobre todo porque no tenía la campera puesta y se sintió estando en camisa solamente.
Cuando reaccioné me abrigué y fuimos hasta el auto de mi amigo para emprender la vuelta. En ese momento tenia un Dodge 1500 al que había bautizado "la naranja mecánica" por el color y su andar inigualable.
Yo tenía que llegar hasta Constitución y era tarde, el me ofreció ir por la avenida que pasaban los colectivos que yo podía tomar, pasar uno y subirme en la parada siguiente.
Excelente plan y gracias a un golpe de suerte funcionó a la perfección, en seguida pasamos un glorioso 148 que me salvó la vida.
No creo que sea necesario describir el pasaje que puede ir a constitución la madrugada de un jueves entre las 3 y las 4 de la mañana. Obviamente iban a trabajar y yo volviendo de joda, y con el despertador que ya estaba preparado para sonar a las 7:30.
Me senté feliz de mi suerte y me puse a chequear si me había quedado algún cigarrillo por las dudas.
Si tenía, lo que me faltaba eran las llaves de casa, habían quedado muertas de risa en la guantera de la naranja mecánica.
Cuando íbamos  le había pedido dejarlas ahí porque se me había roto el gancho para el pantalón del llavero y los bolsillos de la campera eran muy chicos a pesar de lo enorme que era.
El terror se siente en el estómago, como si estuvieras cayendo. Casi cometo la locura de bajarme en cualquier lado, por suerte pensé y preferí llegar a una zona con comercios en busca de una remisería.
Me bajé en Wilde para no irme tan lejos. Caminé unas cuadras pero no encontraba nada.
No aclaré que es época previa a los celulares y la única forma de comunicarme con mi amigo era ir a golpearle la puerta de la casa, que era lo que pensaba hacer.
Pero primero tenia que conseguir una remisería abierta.
No había nadie en la calle y ya me veía caminando hasta Bernal con cero grados y a las cuatro de la mañana sin posibilidades de conseguir otra cosa.
En una calle perpendicular veo el cartel de una agencia, camino y por suerte está abierta. Por un momento me volvió el alma al cuerpo
Solo por un momento
Un auto? Si como no pibe, permitime el documento.

Nunca había tramitado la cédula de la policía, quería tenerla pero por vagancia no la había hecho. La ventaja era que podías ponerla adentro de la billetera, en cambio el documento era mas engorroso llevarlo y se arruinaba, por eso nunca lo sacaba de casa.
Casi me tiro de rodillas, les conté toda la historia, hasta lo del tequila.
El problema era que a unas cuadras de la casa de mi amigo había una famosa villa de la zona de Quilmes y los remiseros no querían saber nada.
Cuando resignado les consulté si había otra agencia abierta en la zona y me dijeron que no, volví a la idea de la caminata nocturna.
Pará pibe!
Subí que te llevo.
Yo me había comprometido a ir hasta Quilmes, que me esperen a que consiga la llave y después el viaje a Constitución completo.
No era poco y evidentemente evaluaron riesgo beneficio y mi cara les hacía pensar mas en beneficio.
Había pasado más de una hora y seguramente mi amigo estaba por el quinto sueño. Yo tenía que recuperar las llaves que seguramente seguían en la guantera del auto que estaba estacionado sobre la vereda, al frente de la casa.
Por supuesto que no le iba a romper un vidrio, además tenia al remisero mirándome desde el auto.
Tampoco la vergüenza me dejaba tocar el timbre, el vivía con los padres y a pesar de que me conocían no les iba a causar nada de gracia.
Que hacer?
Empece a llamarlo golpeando tímidamente la puerta y nada.
Los nervios del remisero me hicieron subir la intensidad, sentía sus ojos clavados en mi nuca
Cuando las palmas me empezaron a doler, se abrió la puerta.
Era el padre
Por suerte es muy macanudo y siempre me quiso, de hecho nunca le volví a sacar el tema y sospecho que no se acuerda.
Llamó a mi amigo que salió dormidísimo, con la llave en la mano. Abrí la puerta, la guantera, saque las llaves, cerré dije chau y subí al auto inmediatamente.
Le pagué la fortuna del viaje al remís y me acosté a dormir 45 minutos, que con lo que me costó bajar los decibeles, fueron 15.

Durante muchos años no volví a probar el tequila y vivía pendiente de mis llaves, pero como todo en la vida, transcurrido un tiempo te relajás y todo vuelve a pasar.....







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