Acá estamos nuevamente, después de mucho tiempo para seguir con los relatos, muchas cosas pasaron desde Enero hasta ahora que me mantuvieron fuera del blog, hoy recibí un mensaje de una amiga que decía literal: "Acabo de leer Tequila Bum Bum en tu blog! Jajajajjajaja jajjajajajajaja!!! Sos único Chino"
En realidad no puso Chino, puso mi apellido pero prefiero mantener el anonimato (soy una persona seria en la vida real)
La cuestión es que el mensaje me dio un nuevo empujoncito para seguir, no prometo regularidad pero de vez en cuando van a tener noticias mías...
Creo que a esta altura ya queda claro que el gimnasio no es lo mío, a pesar de eso tuve muchos intentos que terminaron en fracasos rotundos, algunos con resultados muy peligrosos.
La historia de hoy es sobre uno de ellos.
Durante un tiempo me tocó trabajar en una sucursal del banco que estaba ubicada en pleno corazón de San Telmo, sobre la calle Defensa. Esa sucursal tenía arriba un gimnasio que podían usar todos los empleados, y como corresponde, trabajando abajo no la conocía.
Un día y por la insistencia de mi amigo (el mismo con el que hicimos el campamento fashion y dueño del auto de Tequila Bum Bum) me armé de coraje, preparé un bolso y al termino del horario laboral vino y subimos a la terraza de tortura.
El lugar no contaba con personal fijo, era un gimnasio desierto, lleno de aparatos, con vestidores y todo pero ni un ser humano en todas las instalaciones.
Mi primer pensamiento fue: buenísimo, no hay nadie, no hay riesgo de que mis papelones sean el comentario del desayuno de mañana.
Claro, la idea no era mala, el problema es que si pesas 55 kilos y tenes todo tipo de problemas de espalda, el no tener nadie que te guíe puede ser algo sumamente peligroso.
Mi amigo, tan deportista como excitado, era mi única referencia.
Saltábamos de aparato en aparato cada 5 minutos, al tercero ya no daba más pero no podía aflojar a los 15 minutos de haber empezado!
Nunca llegué a las 10 repeticiones de cada ejercicio, y pensaba que en el estado que iba a quedar era imposible que volviera a los dos días.
Igual después de lo que pasó no hubo necesidad, nunca más volví a subir...........
Había varias máquinas con falta de mantenimiento pero la mayoría eran bancos para usar con pesas.
Me llegó el turno de usar ese que estás acostado boca arriba y subís y bajas la barra con pesas de los dos lados.
Obviamente que tenía puesto en peso 5 veces lo que yo podía levantar, así que empecé lentamente a cambiarle las pesas.
Las mas grandes estaban del lado de adentro no me quedaba otra que vaciar toda la barra (que estaba apoyada en el sostén que tiene en la cabecera de la camilla con dos fierros terminados en V)
Nunca me voy a olvidar, tenía tres discos de pesas en cada lado y se sostenían con una especie de ganchos para que no corrieran por la barra si no la levantabas pareja.
Me paro al costado de la camilla, de frente a la barra y cuidadosamente empiezo a sacar los discos de un lado. Si, si, de un solo lado..............
No hay ningún ser humano parado en la tierra que pueda zafar de la ley de la gravedad de Newton y yo claramente no era la excepción.
Además de estar de costado, estaba levemente inclinado hacia adelante, para asegurarme que estaba realizando bien la tarea, esa posición hizo que cuando saqué el ultimo disco, la barra que subió bruscamente por el peso que tenía del otro lado me dio con la punta justo entre los dos ojos, donde nace la nariz.
Caí redondo para atrás y mucho de ese momento no me acuerdo, mi amigo me ayudó, fuimos al vestuario y me mojé la zona porque sangraba y se estaba hinchando peligrosamente.
La jornada de ejercicio que no pasó de los 20 minutos me dejó como saldo una semana con la cara igual a Rocky después de la pelea final con Apolo.
Cualquier ser humano normal hubiera tomado el episodio como una señal de que nunca más tenía que pisar un gimnasio, obviamente no fué el caso......
Igual después de lo que pasó no hubo necesidad, nunca más volví a subir...........
Había varias máquinas con falta de mantenimiento pero la mayoría eran bancos para usar con pesas.
Me llegó el turno de usar ese que estás acostado boca arriba y subís y bajas la barra con pesas de los dos lados.
Obviamente que tenía puesto en peso 5 veces lo que yo podía levantar, así que empecé lentamente a cambiarle las pesas.
Las mas grandes estaban del lado de adentro no me quedaba otra que vaciar toda la barra (que estaba apoyada en el sostén que tiene en la cabecera de la camilla con dos fierros terminados en V)
Nunca me voy a olvidar, tenía tres discos de pesas en cada lado y se sostenían con una especie de ganchos para que no corrieran por la barra si no la levantabas pareja.
Me paro al costado de la camilla, de frente a la barra y cuidadosamente empiezo a sacar los discos de un lado. Si, si, de un solo lado..............
No hay ningún ser humano parado en la tierra que pueda zafar de la ley de la gravedad de Newton y yo claramente no era la excepción.
Además de estar de costado, estaba levemente inclinado hacia adelante, para asegurarme que estaba realizando bien la tarea, esa posición hizo que cuando saqué el ultimo disco, la barra que subió bruscamente por el peso que tenía del otro lado me dio con la punta justo entre los dos ojos, donde nace la nariz.
Caí redondo para atrás y mucho de ese momento no me acuerdo, mi amigo me ayudó, fuimos al vestuario y me mojé la zona porque sangraba y se estaba hinchando peligrosamente.
La jornada de ejercicio que no pasó de los 20 minutos me dejó como saldo una semana con la cara igual a Rocky después de la pelea final con Apolo.
Cualquier ser humano normal hubiera tomado el episodio como una señal de que nunca más tenía que pisar un gimnasio, obviamente no fué el caso......
Seeee! Que momento por Dios!
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